El alma prisión del cuerpo. Michel Foucault

febrero 18, 2013

vigilar y castigar

vigilar y castigar

  Capítulo I  “El cuerpo de los condenados”.

Allí Foucault comienza su libro Vigilar y castigar (1975) analizando de forma particular la desaparición de los suplicios y castigos ejemplares hacia fines del s. XVIII.


 

 

Conforman este cambio dos procesos:

castigo ejemplar 2

  • La desaparición del espectáculo punitivo, que comienza a valorarse negativamente hasta ocultar su escena.

 

 

 

castigo ejemplar

  •  El castigo pasa de la acción exhibida sobre el cuerpo del delincuente, la aplicación del dolor, a una economía de las suspensión de derechos. Una ejecución que afecta mas a la vida que al cuerpo.

 

 

 

El objeto “crimen” muta: importa más la calidad, el carácter y la sustancia de que esta hecha la infracción más que su definición formal. En este margen en el que se juzgan las pasiones, instintos, anomalías e inadaptaciones crecen y proliferan las disciplinas técnicas de la medicina, psiquiatría, psicología y educación inscribiendo las infracciones al código en un campo de saber científico, y la sentencia que condena o absuelve deja de ser un una simple decisión legal que sanciona, para llevar con sigo una apreciación de normalidad y una prescripción técnica de normalización posible. La escena se carga de elementos y personajes extrajurídicos.

La justicia criminal, dice Foucault, no funciona hoy ni se justifica sino por esa perpetua referencia a algo distinto de sí misma, por esta incesante reinscripción en sistemas no jurídicos.

El cuerpo de este nuevo condenado está atravesado por las relaciones de poder que operan sobre él. Este cuerpo solo se convierte en fuerza útil cuando es a la vez cuerpo productivo y sometido. Pero este sometimiento no necesariamente sucede mediante fuerzas visiblemente violentas. Una tecnología política del cuerpo se establece a partir de las redes de saber, un saber que va más allá de la ciencia sobre su funcionamiento.

vigilar y castigar

Foucault se refiere a un poder por fuera de quien lo posea, un poder que se ejerce más que poseerse. Efecto de un conjunto de posiciones estratégicas, de maniobras, tácticas, técnicas, funcionamientos y disposiciones.

Para esta microfísica del poder,  poder y saber se implican mutuamente el uno con el otro, no existe relación de poder sin constitución correlativa de un campo de saber, ni de saber que no proponga y no constituya al mismo tiempo unas relaciones de poder.

Para esta microfísica del poder no es la actividad del sujeto de conocimiento lo que producirá un saber sino que el poder-saber, los procesos y luchas que lo atraviesan y que lo constituyen, son los que determinan las formas, así como también los dominios posibles del conocimiento.

La historia de esta microfísica del poder punitivo, nos dice Foucault sería una pieza para una genealogía del “alma” moderna. Y así como en la escena del castigo ejemplar tenemos el alma del condenado, aquí se trata de un alma, pero no como efecto de una ideología, no como el alma representada por la teología cristiana, sino una realidad histórica del alma como producto del funcionamiento del poder que se ejerce sobre aquellos a quienes se castiga, se vigila, se corrige y se educa, aquellos quienes se sujeta a un aparato de producción y se controla a lo largo de toda su existencia.

Michel Foucault

Michel Foucault

No se trata de un alma que nace culpable y castigable sino que nace de procedimientos de castigo, de vigilancia, de pena y de coacción, para formar parte como engranaje a partir del cual las relaciones de saber dan lugar a un saber posible, por el cual el saber propaga sus efectos de poder. Sobre este alma se han construido técnicas y discursos científicos.

No se sustituye un alma como una ilusión de los teólogos por un hombre real, objeto de saber. Sino que este hombre es en sí ya efecto de un sometimiento mucho más profundo que él mismo. Un “alma” lo habita y lo conduce a la existencia, que es una pieza en el dominio que el poder ejerce sobre el cuerpo.

Se trata de un alma efecto e instrumento de una anatomía política.

El alma, prisión del cuerpo.

Ignacio Litvac

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